
Había una vez en un pueblo muy lejano, una princesa.
Esta princesa, era conocida por su inmensa belleza y por eso, muchos principes viajaban de diversas partes del mundo para pedir su mano en matrimonio. De todos los principes, quedaron sólo 5 seleccionados para alcanzar su mano.
Como la princesa era muy justa y muy sabia, puso a prueba a sus principes...
Dejó su brazo derecho escondido tras su espalda, levantando un sólo dedo: Su meñique.
El principe que adivinara que dedo ella tenía levantado sería su futuro esposo. Y así, cada uno de los principes levantó un dedo, pero sólo el último levantó el meñique. De esta forma contrajo matrimonio con la princesa.
Pasó el tiempo y llegaron las cruzadas y el ahora rey debió partir a la guerra. La princesa, que ya era reina, le hizo jurar que volvería y su rey le dijo que pasara lo que pasara, él volvería a su lado.
Transcurrieron los meses y nada se sabía del buen Rey. Seguido de los meses pasaron los años y todos lo dieron por muerto.
Así llegó la hora que la Reina viuda, contrajera matrimonio de nuevo.
Así otra vez el palacio se llenó de principes y reyes que pretendían a la reina.
Ella que seguía enamorada de su marido, sometió a los candidatos a una prueba muy similar a la anterior. Levantó su dedo meñique para saber que hacían sus pretendientes... Todos dejaban anillos en su dedo, pero todos se caían.
Hasta que un día, un sucio mendigo se presentó a palacio. Todos quisieron impedir su entrada, pero la Reina, que era muy justa le dejó entrar, puesto que todos merecían una oprtunidad.
Puso su meñique frente al mendigo y éste unió su dedo meñique junto a la reina. De esta forma la reina se dio cuenta que el mendigo era su rey que había vuelto.
Esa noche, el rey se levantó de su cama y la reina despertó. El rey le explicó que había sido asesinado cuando volvía a palacio. Y que era hora de marcharse.
Las almas de nuestros muertos dejan para siempre la tierra de los vivos al día 49 luego de su muerte...
Esa noche se cumplían 49 días desde que el rey había muerto en batalla.
Había vuelto a cumplir su promesa...
